Mário Cesariny de Vasconcelos

sábado, setembro 05, 2015

From September, 3rd to October, 11th. This exhibition, jointly...



From September, 3rd to October, 11th. This exhibition, jointly organised by the EDP Foundation and the Cupertino de Miranda Foundation, assembles a set of photographs by Duarte Belo, taken at the house of Mário Cesariny, Rua Basílio Teles, n.° 6 - 2.° Dto, in Lisbon. This photographic campaign was undertaken in 2003, after the poet and painter had been awarded the 2002 EDP Grand Prize.



via www.cesariny.com http://ift.tt/1ioKco6

Photo





via www.cesariny.com http://ift.tt/1OlMyOz

domingo, novembro 26, 2006

Peça do jornalista Miguel Mora publicado no El País em 12 de Novembro de 2006.

REPORTAJE

Cesariny, llama del surrealismo

El poeta y pintor expone una antológica en Madrid y 12 cadáveres exquisitos en Lisboa


"La vida es bella. Comencemos". Eso escribió una vez Mário Cesariny con su amigo surrealista Antonio María Lisboa. Para demostrarlo, Cesariny fue pintor, poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, agitador, estudiante de música con Fernando Lopes Graça. Naturalmente, ha llegado cansado y quebrantado a los 83 años, pero ahí está, fumando un pitillo tras otro, pálido y flaco mas con su inquebrantable voluntad de disidencia intacta. "Tengo la pata izquierda mala y ya apenas salgo. Sólo puedo subir las escaleras de casa en brazos de los bomberos", cuenta riéndose en el casi perfecto español que aprendió de su madre, una salmantina de origen italiano. "Si lo hiciera sólo una vez, sería una acción surrealista. Pero todos los días... ¡Es una lata!".

Lo cierto es que parece un milagro que Cesariny siga entero. Lleva 70 años fumando tres paquetes de SG diarios. "Empecé a los 14 años, más o menos a la vez que a escribir". Pero igual que nunca abdicó de su militancia surrealista, que abrazó de forma algo tardía pero muy apasionada tras conocer a Breton en París en 1947, no está dispuesto a dejar el pitillo. "Si es verdad que esto mata, ¿para qué lo fabrican?", pregunta con otra carcajada.

El humor es quizá el mejor síntoma: Cesariny no sólo está vivo sino que colea. El hombre que se escindió del surrealismo portugués para mantener vivas las esencias originales bretonianas está exponiendo una gran antológica de su pintura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (Navío de espejos, que se puede visitar hasta el día 19: "Sentí mucho no poder ir"), y acaba de volver a pintar a la vieja usanza surrealista para una exposición muy especial en la galería Preve de Lisboa (Rúa Escolas Gerais, en Alfama).

Carlos Cabral le convenció para volver a dibujar unos cadáveres exquisitos con dos de sus viejos compañeros de revolución surrealista, Cruzeiro Eixas y Fernando José Francisco, y Cesariny no lo dudó. Empezó 12 dibujos y sus amigos los terminaron. La inauguración fue conmovedora -hacía 55 años que el trío no se encontraba-, pero algo confusa: "Los tres estamos sordos como tapias".

Sentado en su sillón ajado, rodeado de cuadros (hay un gato pintado por la gran dama surrealista María Helena Vieira da Silva detrás de su cabeza), Cesariny sigue lanzando destellos de inteligencia y anarquía entre calada y calada. Aunque ya no escribe ni pinta ("soy un autor agotado"), tampoco hace falta: muchos de sus versos se leen una vez y nunca se olvidan ("Ama como a estrada começa"). Y hay cuadros como el del General De Gaulle posando con la cabeza cortada en su propio regazo que siguen hablando a gritos.

Por otra parte, ante la puerta de su modesta casa lisboeta acabaron pasando los cadáveres nada exquisitos de los dos grandes enemigos históricos del surrealismo, el comunismo y el fascismo. Cuando se le dice, esboza una tímida sonrisa de satisfacción. Como si ahora, después de haberse considerado un "apestado" toda su vida, de haber fabricado su biografía como una lucha contra la decepción (genio sin auditorio, seductor maltratado por la historia: "Salazar me declaró vagabundo, la Revolución de Abril acabó de enterrar a los surrealistas"), supiera por fin que eran ellos, los surrealistas, quienes tenían razón al invocar una vida distinta, un mundo nuevo y soñado, sin ataduras políticas ni materiales.

Cesariny, un pesimista lúdico, cree que aquel sueño fue fallido, pero al mismo tiempo demuestra que sigue pensando que su lema ("libertad, amor, poesía") está hoy tan vigente como en los años cuarenta. "Fui amigo de Eugenio Granell, que era un tipo único que no necesitó ir a robar el arte sagrado a los negros de África como Picasso ni quiso dedicarse a hacer dibujos de criançinhas como Miró. Granell había sido del POUM y conocía muy bien a los comunistas y a los fascistas. Cuando le entrevisté en Nueva York, poco después del 25 de abril, para The New Yorker, me dijo que seguía con entusiasmo la Revolución de Abril. Y que lo que más le gustaba era que el pueblo asaltara las sedes de los comunistas".

La visita a la casa del poeta ha sido aplazada varias veces, pero al fin João Penharanda, comisario de la antológica de Madrid, ha conseguido llevarnos hasta el hombre que una vez dijo de Fernando Pessoa: "Viajaba siempre en primera clase. Aunque estuviera parado". Cesariny no tiene nada contra Pessoa; de hecho, se ha dicho que su primera poesía tenía rasgos de su heterónimo futurista, Álvaro de Campos. Pero siempre prefirió a Teixiera de Pascoaes: "Era un mago, el viejo de la montaña".

Se le nota feliz de poder refrescar su español. Lo tiene oxidado pero le recuerda a su madre. Cesariny ha oído hablar de las encuestas sobre una hipotética unión ibérica. Y como lusoespañol (su padre era un joyero del norte portugués), el asunto le hace gracia. "Será más bien la desunión ibérica, ¿no? Mi única contribución sería mi madre española. Y a mí me gustaba mucho mi madre", dice. "Quizá sería bueno unirnos, aunque me da miedo que los españoles, que trabajan tanto y con esa alegría extraordinaria, vengan aquí y me pongan a trabajar. De todos modos, me parece que es un poco temprano para que eso pase".

A Cesariny le siguen apasionando el arte, la poesía, el teatro. Pero su mirada siempre crítica le hace abominar de lo que ve. "Un país serio tiene que tener un teatro nacional serio. Nosotros no tenemos. Y en arte pasa un poco lo mismo. Ahora van a exponer juntos todos los niños bonitos del régimen, y en la Feria de Arte de Lisboa no han aceptado la galería de mi amigo Carlos Cabral. Los surrealistas contamos ya con eso, pero sigue doliéndonos".

Lo que no significa rendirse: "El surrealismo no puede morir nunca porque tiene varias edades, es transversal y muchas veces subterráneo. Dalí nos hizo inmenso daño. Su fuerza contaminó el mundo entero: los ingleses llegaron a España con su pipa y decidieron que aquello era el surrealismo. Si es como Dalí es surrealista; si no, no es. Dalí era un payaso rico y genial. Pero nos hizo mucho daño. Y a pesar de todo, seguimos vivos, quizá ignorados y en las catacumbas, pero vivos. Pero nos hace falta un poco más de locura. Los surrealistas se están haciendo demasiado racionalistas".


"El surrealismo no puede morir nunca porque tiene varias edades, es transversal"

Demuestra que sigue pensando que su lema ("libertad, amor, poesía") está vigente

Mário Cesariny numa entrevista do jornalista Vladimiro Nunes que o Sol publicou em 7 de Outubro de 2006.

Na ditadura, Mário Cesariny descobriu com Alexandre O´Neill a revolução surrealista. Foi considerado suspeito de vagabundagem pela Polícia Judiciária e cultivou a homossexualidade sem medo. Viveu para a liberdade, o amor e a poesia, a bandeira dos surrealistas. Galardoado pela obra escrita e pela pintura, aos 83 anos continua na mesma.

Mário nasceu em Lisboa, em 1923. Como era a sua vida familiar?
Era a de uma família respeitável, com quatro filhos. O meu pai era industrial de ourivesaria. Ele e a minha mãe não se davam muito bem. Foi um mau casamento.

Posso contar essa história, que é engraçada. A minha mãe, juntamente com a minha tia Henriette e o meu avô [Pierre Marie] Cesariny Rossi chegaram a Lisboa, de
passagem para a América do Norte. Elas não sabiam uma palavra de inglês, mas queriam ir para lá ensinar não sei o quê.

Nessa altura, havia as chamadas institutrices, raparigas que tratavam das crianças, mas não como criadas – também eram professoras, ensinavam línguas e bons modos. A tia Henriette e a minha mãe fizeram isso em Espanha, durante bastantes anos. Ensinavam Francês e coisas assim.

Chegaram a Lisboa e ficaram por cá. Tornaram-se professoras num colégio, onde conheceram o meu pai e o meu tio. Para casar a minha mãe exigiu uma prenda de infanta. Sim, casava, mas queria uma prenda muito grande.

Um dote?
Queria que fossem viver para Paris. O meu pai concordou.
Casaram e foram, em 1914. Chegaram lá, rebentou a guerra e voltaram para trás. Nós não nascemos em Paris por causa da Primeira Guerra Mundial.

Que recordações guarda da sua infância?
O meu pai era de uma família de ourives do Norte. Gostavam de passar férias de Verão em Moledo do Minho, perto de Caminha, quase na fronteira.

O Norte era muito livre de costumes.
Rapazes e raparigas f.... Só o padre é que ralhava com elas, à saída da missa. Eu assisti a isso, ele dava-lhes caneladas e dizia: ‘Vais para o mato com eles...’ Elas riam-se. Não me dei bem com o meu pai, claro. Nenhum de nós se dava bem com ele.

Quando casou com a minha mãe, gostava muito dela, mas depois não sei o que aconteceu. Talvez fosse o feitio dele. Batia-lhe. Éramos quatro filhos atrás da mãe, a defendê-la do pai.

Ele chegou a bater-lhe à vossa frente?
Sim, mas gostava dela, à sua maneira. Tenho a impressão de que a minha mãe casou com ele na mira de ir para Paris.

É verdade que o seu pai queria que fosse ourives?
Pois queria. Isso foi uma grande luta. Depois também não me deixou seguir música. Quando fazia exercícios ao piano, ele ficava doido. Tive de desistir.

Chegou a estudar com o Fernando Lopes-Graça…
O Graça dava-me lições de graça. O paizinho não pagava isso.

A relação com o seu pai era, portanto, complicada.
Era impossível. Tudo o que ele me propunha, eu não queria.

E com a sua mãe, como era?
A mãe foi uma santa. Devo-lhe tudo, protegeu-me sempre.

O Mário teve três irmãs.
A Henriette, a Carmo e a Luísa.

Além de ser o mais novo, era o único rapaz…
Era. E ainda por cima saí homossexual, imagine.

Acha que o seu pai soube?
A minha mãe protegeu-me sempre, nunca se falou nisso com o meu pai. Mas acho que sabia. Uma vez mandou-me às p... e eu não fiz nada.

Muitos anos depois, o meu cunhado mandou-me a uma menina e eu portei-me bem, mas vim de lá com uma dúvida horrível. Dei duas de seguida, sem prazer nenhum, e pensei que talvez acontecesse o mesmo às pessoas que iam comigo.

Depois da primária, foi para a Escola António Arroio...
Antes disso, estive um ano no Liceu Gil Vicente, mas não era para seguir carreira, era para o meu pai saber se eu era estúpido ou não, se tinha boas notas.

E tinha?
Tinha. Depois ele tirou-me de lá.

Como é que o Mário chegou à Escola António Arroio?
O meu pai primeiro pôs-me lá para tirar o curso de cinzelagem.
E tirei. Depois mudou-se isso para um curso de habilitação às Belas-Artes, por minha iniciativa. A escola tinha um bom director, o Falcão Trigoso, um velhote de barbicha que pintava amendoeiras floridas e coisas assim, mas que nos defendeu da mística do Salazar.

Quando, por fim, o Salazar o pôs na rua, no dia seguinte entraram os uniformes da Mocidade Portuguesa, a separação dos sexos, as aulas de moral... Mas nós já estávamos precavidos por esse director.

Foi na António Arroio que conheceu a trupe surrealista?
Quase toda. O António Maria Lisboa não andou lá, nem o Pedro Oom, nem o Risques Pereira. O Cruzeiro Seixas, sim, o Fernando José Francisco, sim. Não me lembro de mais…

Foi lá que desenvolveram as primeiras actividades?
O Café Hermínius é que era a nossa academia.

Como é que surgiu o movimento surrealista em Portugal?
Não havia bem movimento, havia um grupo. Movimento não se podia ter, por causa do Salazar. Foi uma época difícil para quem pintava. Foi difícil para toda a gente, com a ditadura, não é?

Não havia galerias para expor, a não ser a do Estado – o Secretariado Nacional de Informação – e a dos velhotes conservadores – a Sociedade de Belas Artes. Nenhum desses salões nos convinha. A pintura passou a ser uma coisa pessoal, para nós. Nem pensávamos em expor.

Era sobretudo uma manifestação da vossa liberdade…
Lembro-me que, uma vez, na primeira exposição que fizemos, em 1949, resolvemos fazer uma noite dos poetas, num aposento muito engraçado, todo forrado com figuras, que era da Pathé-Baby, ali ao pé da Sé Catedral. Lemos poemas do Victor Brauner, do André Breton, do Antonin Artau e alguns nossos.

Com uma certa encenação. Estilhaçámos uma data de vidros no chão e deitámos tinta. Mas a encenação, grande ou pequena, era só para nós, porque não foi lá ninguém, nem nós queríamos que fosse. Fechámos a porta à chave. E assim continuámos.

A imprensa de Lisboa não dedicou uma linha à nossa exposição, mas a do António Pedro e do então Grupo Surrealista de Lisboa causou um escarcéu desgraçado. Até apareceu no jornal sonoro. O António Pedro tinha muitos conhecimentos, assustava muita gente, nós não assustávamos ninguém …

A ideia de fazerem para vocês tinha só a ver com o ambiente da época ou, no fundo, queriam mesmo que fosse assim?
Nós fizemos uma revolução. Mas acho que implodimos, não explodimos. E andámos sempre clandestinos por aí. Clandestinos no sentido lato: fazer uma coisa num sítio e desaparecer, depois aparecer noutro e desaparecer… Até que houve as célebres sessões na Casa do Alentejo, em que fomos dizer ao povo o que era o surrealismo.

E o que era o surrealismo?
Éramos nós [risos]. Lemos textos, poemas, e uma declaração chamada 'Afixação Proibida'. A assistência gostou muito e depois da sessão queria que explicássemos o que era o surrealismo.

Para o Mário, como começou o surrealismo?
Estávamos eu e o Alexandre O’Neill muito incomodados com os neo-realistas e ele, uma vez, trouxe-me um livro em francês e disse: ‘Lê isto’. Era a História do Surrealismo, do Maurice Nadeau, que, no final do volume, dizia que os surrealistas já tinham dado o que tinham a dar. Mas o nosso começo foi aí.

Em que altura foi isso, mais ou menos?
Em 1947.

É também nesse ano que foi a Paris e conheceu o André Breton…
É. Mas eu já ia surrealista, não fui lá ser surrealista. Queria era conhecê-lo!

Como é que se deu esse encontro?
Fui a casa dele, bati à porta e ninguém respondeu. Ele tinha um letreiro à porta a dizer: ‘Não quero entrevistas, não quero isto, não quero aquilo’.

Eu deixei lá um papel: ‘Não quero entrevistas, não quero isto, não quero aquilo. Quero falar consigo’. Então, à segunda vez que lá fui, recebeu-me e combinei umas coisas com ele, que o António Pedro tratou de destruir, porque foi lá depois. Eu tinha a ideia de uma pequena publicação, uma coisa modesta, porque não havia muito dinheiro, nem havia razão para fazer muito barulho, por causa da polícia.

O António Pedro falou com o Breton, pôs este projecto de parte e propôs a reedição da Variante, uma revista que ele fazia em grande luxo, com o surrealismo de todo o mundo e não sei o quê.

Depois, não fez. Quer dizer, não houve a minha coisa modesta nem a coisa espampanante dele. Primeiro, pedimos colaborações para Nova Iorque, para Paris, para toda a parte. Depois de nos entregarem as coisas, ele decidiu que não havia dinheiro. Era mentira. Tivemos a lata de devolver tudo. Coisas dessas fizeram a minha saída do Grupo Surrealista de Lisboa…

… E acabaram por conduzir à formação do grupo dissidente,Os Surrealistas.
Pois… Uma parte do nosso grupo andava na António Arroio – tanto do grupo dissidente, como do oficial. Estava o Fernando Azevedo, o Vespeira, o Júlio Pomar... Quanto a nós, estávamos eu, o Cruzeiro Seixas, o Pedro Oom… Depois, estes três ou quatro trouxeram o Fernando José Francisco e fizemos uma exposição, em que entrou também o Carlos Calvet.

A própria escolha do nome, Os Surrealistas, foi uma provocação, como quem diz: ‘Nós é que somos os verdadeiros’. A nossa simples existência já era uma provocação e quando a afirmámos publicamente, isso então foi um grande sarilho. Até que eles desistiram.

Fecharam a loja sabe com que álibi?
Com o da ‘discrepância de horários’. A gente também lhes fazia a vida negra, na Casa do Alentejo, naquelas sessões… Acabaram com o grupo e foram fazer teatro para o Apolo.

Depois das primeiras exposições, houve uma altura em que esteve algum tempo fora de Portugal...
Onde estive mais tempo foi em Inglaterra. Com as idas e vindas, estive sete anos em Londres, na década de 60. Estava farto de latinos e fiquei a gostar dos anglo-saxónicos. Chamam-lhes hipócritas, mas eles não são. São actores. Estão sempre a representar Shakespeare.

Um vagabundo chega à tabacaria e pede: ‘May I have a box of matches, please?’ Isto é linguagem de príncipe. ‘May I have’... ‘Poderei eu ter ...Uma caixa de fósforos’. Um vagabundo. Os outros são iguais ou ainda mais sofisticados.

Já os americanos são uma espécie de ingleses a quem tiraram a inquietação, a metafísica. De maneira que eles andam muito contentes, ‘How are you?’, ‘Fine, thank
you’. Com imensas dores de estômago porque a comida é muito má.

O Mário também costuma falar de uma estada emParis, financiada com a venda de um quadro da Vieira da Silva…
É verdade. Eu escrevi-lhe a dizer: ‘Maria Helena, estão a apertar muito o rabo do gato’. A polícia fazia-me lá ir como suspeito de vagabundagem. Então, a Vieira da Silva, através do Manuel Cargaleiro, deu-me um quadro dela, muito bonito.
Eu só pedia dinheiro para a passagem, mas aquilo rendeu imensa massa, que eu fui conspicuamente gastar lá para fora.

Como é que conheceu a Vieira da Silva?
Ela veio a Lisboa, e eu escrevi um artigo a falar nela, porque ela era desconhecida por cá. Aconselhava-a a não se demorar muito, porque ainda ficava estragada. Ela gostou e quis conhecer-me. Fui conhecê-la ao ateliê dela e do Arpad Szenes, ali nas Amoreiras.

A partir daí, ficaram muito amigos. De resto, o Mário, sempre foi assim: capaz de grandes amizades, grandes amores e grandes ódios...
... Grandes nevoeiros...

Foi o que aconteceu com o próprio grupo surrealista dissidente. Muitos de vós seguiram caminhos diferentes, com algumas rupturas pelo meio.
A partir de certa altura, este grupo também se desfez. O Cruzeiro Seixas foi para África, o António Maria Lisboa morreu tuberculoso... Deixámos de nos procurar.

E o Mário ficou isolado como representante do surrealismo em Portugal.

Não pensava nisso. Nem as pessoas acreditavam. Para elas, o António Pedro continuava a ser o grande surrealista. Com a democracia, esfuma-se a história do surrealismo.

O Mário continuou a escrever e a pintar, mas já sem aquele espírito de grupo.
O José Escada, o pintor, fazia umas coisas em papel vermelho, e fez uns cravos, os cravos do 25 de Abril, com uma dedicatória bonita: ‘Ao Mário, que há muito tempo desconhece o perfume’.

Diz que a liberdade devia estar acima de tudo. É essa a essência do surrealismo?
A liberdade, o amor, a poesia. É esta a tríade do surrealismo, que vem colocar-se ao lado, ou à frente, da liberdade, igualdade, fraternidade, da Revolução Francesa. Era essa a nossa bandeira.

E o Mário passou com a mesma paixão por todas essas três coisas…
Como já lhe disse, a nossa descoberta do surrealismo não fez uma explosão, fez uma implosão. Também não era tempo de andar a falar alto. Íamos para a choça, o que não nos agradava muito. Os neo-realistas ficavam muito honrados quando
iam presos. Nós não achávamos graça nenhuma [risos].

Diz que, para si, a pintura é mais terapêutica do que a poesia. Porquê?
Na poesia tens de escrever se estás zangado, se estás optimista, se estás apaixonado. Coisas que na pintura não existem. Embora não seja, parece uma coisa mais impessoal. Não fala das dores de estômago ou das dores de cabeça, das dores de corno. O pincel não dá isso.

O que é que o pincel dá?
Dá uma realização da pessoa, de que o quadro é a prova.

Faz sentido perguntarem-lhe o que é que tem mais peso para si, se a pintura, se a escrita?
À medida que fui agarrando mais a pintura… ou, ao contrário, à medida que ia deixando mais a poesia escrita, ia-me ocupando mais com a pintura. Com a poesia pintada, se quiser. A poesia morde mais o fígado: se odeia, odeia, se não odeia não odeia. A pintura parece uma coisa objectiva, fora de nós. Suja as mãos, limpa-se o pincel, há o cavalete e a tela. A poesia não. É apenas entre a nossa cabeça e o papel.

Costuma falar muito do ambiente, de como a Lisboa de hoje já não é a mesma, queixa-se da falta dos cafés...
A Lisboa do nosso tempo acabou. Os cafés onde a gente se reunia desapareceram, começaram por pôr lá a televisão.
Ora, é impossível não olhar para uma televisão ligada. Já não podíamos estar à vontade. Estávamos ali metidos para perder a vida, para não trabalhar em escritórios e aturar o patrão nojento.

Éramos, de facto, todos vagabundos. Embora eu é que tenha merecido a honra de ser considerado suspeito de vagabundo pela polícia. No fundo, só o 25 de Abril é que acabou com isso.
Em compensação, também dissipou a atmosfera de encontro que havia dantes. Hoje está cada qual no seu buraco.

Como é que lida com o reconhecimento que tem recebido nos últimos anos?
Não dou muita atenção a isso, sabe? Recebi com alegria a Ordem da Liberdade, porque era a Ordem da Liberdade. Liberté chérie! Agora vivo num deserto. Tenho alguns amigos, muito poucos. Mas realmente não há onde ir, em Lisboa. Quer dizer, para mim, porque a gente mais nova junta-se nos pubs, com a música muito alta, para não terem de falar eles. Nem falar, nem pensar.

Em Outubro vai editar um livro de serigrafias, em homenagem a Timothy McVeigh, condenado àmortepelo atentado em Oklahoma. O que pensa da pena de morte?
Não devia ser permitida. Ele também não devia ter morto 700 pessoas. Mas olho por olho, dente por dente é a selvajaria.

Abriu no dia 20 de Setembro, no Círculo de Belas Artes, em Madrid, uma retrospectiva dedicada à sua obra. Como se sente em relação a isso?
A minha perna não me deve deixar ir lá, o que é uma chatice, mas por outro lado é bom. Eles que se distraiam uns aos outros. É claro que fico contente por ter uma exposição em Madrid, mas por outro lado não ligo nenhuma.

Estou-me bastante nas tintas. Não digo isto aos organizadores, mas é a verdade. Quero lá saber!

Já o ouvi dizer qualquer coisa do estilo: está o poeta, o artista, no pedestal, e depois volta para casa sozinho. O Mário sente-se só?
Acho que sim. Sinto-me só, com as minhas ideias, que me fazem companhia, e com um ou outro amigo que ainda existe, com quem fizemos batalhas, como o Cruzeiro Seixas ou o Fernando José Francisco…

Ou o Mário Henrique Leiria, que morreu, o António Maria Lisboa, que morreu, o Pedro Oom, que morreu, o Henrique Risques Pereira, que morreu, o Fernando Alves dos Santos, que morreu... Tenho de me sentir sozinho. Estava escrito que eu ia durar até aos 80 e tais.

Como lida com a idade, como envelhecimento do corpo?
A idade põe-me uma série de chatices físicas que me impedem de atingir a metafísica. São coisas várias que me ocupam e me impedem de circular normalmente.

Mas a cabeça está óptima…
Acha?

E o Mário, o que acha?
A cabeça tem um órgão vital à disposição, chamado Eros, a vida erótica, que me faz falta, porque essa vida para mim acabou. Se o cérebro ainda pia alguma coisa, é muito de admirar [risos] …

Fica a liberdade e a poesia…
Fica… Já não é pouco…

O Mário apaixonou-se muito?
Acho que a vida sem paixão é um deserto.

Mas o grande amor, aquele de que falam os poetas, encontrou- o?
Talvez tenha encontrado e não tenha dado por isso. Houve realmente um amor importante, com uma pessoa que já morreu. Um amor que acabou muito mal, com a PIDE metida na nossa cama, uma coisa horrível.

Acho que depois disso, dados os resultados concretos, troquei a Grécia por Roma. Sabe o que eu quero dizer? Há o Eros mental e depois há o que se espalha pelo corpo, que é outra coisa.

Não quer explicar melhor?
A Grécia foi um amor que eu tive com um moço. Ele depois foi para a tropa e escreveu-me uma carta que a PIDE leu. Ele ia indo parar a África por causa disso, porque dizia: ‘Não sei quando saio da tropa. Os nossos patrões, os americanos, é que devem saber’.

A PIDE pegou naquilo e meteu-o na cadeia. Mas a carta era também uma carta de amor, sabe? De maneira que era demasiado horroroso ter a PIDE na cama connosco. E assim começou a Roma: mais sexo do que amor.

Nunca mais se encontraram?
Encontrei-o esporadicamente, já sem elo amoroso.

Voltou a ter esse elo com alguém?
Não.

É por isso que diz que trocou a Grécia por Roma.
Não imagina a quantidade de pessoas que eu fiz.

Há até uma frase sua, em que diz: ‘Rapazinhos por dia, dois, marinheiros, três’.
[risos] Eu tinha um amigo espanhol que estava cá, o Francisco Aranda, que conhecia um inglês, daqueles muito sofisticados, aristocratas, mas muito inteligentes. Ele veio cá e o Aranda apresentou-mo. Estávamos na conversa, eram cinco e meia: ‘Tea Time’. É hora do chá. Eu pensei: ‘Espera aí que já te dou o chá’. Então, fomos com esse amigo inglês assistir à saída da Marinha.

Sabe o que aconteceu? No dia seguinte voltou para Londres – não teve nenhum caso foi só de ver – arrumou as coisas dele e veio viver para cá. Nessa altura, os marinheiros recebiam o fardamento e iam à costureira para o ajustar bem. Quase se via o contorno do sexo. Eles tinham vaidade nisso, além de que havia gente bonita.

Nessa altura, sendo tudo tão escondido, eram assim tão fáceis os contactos sexuais entre homens?
Cheguei a publicar num jornal uma coisa que hoje não se entende: Portugal era o país mais homossexual do mundo. E não era só a Marinha. O 25 de Abril, com a libertação dos homossexuais, também libertou a Marinha desse hábito. Passaram a considerar-se uns homenzinhos que não fazem essas coisas.

Agora fazem entre eles ou com um tenente qualquer. Não sei o que os chefes lhes disseram, mas realmente não apareceram mais os marujos. Mas apareceram os comandos. Todos os dias havia passagem de comandos na estação do Rossio, para engate.

Qual é a sua opinião sobre as manifestações do orgulho gay, hoje em dia?
Acho feio, porque em vez de aparecerem como pessoas normais, põem umas mamas, pintam-se, ficam uns verdadeiros abortos. E saem assim para a rua. Eu, que sou homossexual, se encontrasse aquilo na rua, passava para outro passeio, porque em vez de angariarem simpatia, ofendem.

Quando é que o Mário tomou consciência da sua homossexualidade?
Nos meus tempos da António Arroio, já sabia.

Mas nessa altura não era uma coisa que fosse falada. Como é que lidou com essa descoberta?
Lidei conforme podia. O que fazia era em segredo, sempre. Tem a ver com a Lisboa dessa época. Havia urinóis espantosos, que eram sítios de encontro. Estavam sempre cheios. Muitas vezes, quem queria mesmo mijar, ficava aflitíssimo, porque as pessoas não saíam de lá [risos].

Que idade tinha quando teve as primeiras experiências?
Foi para aí em 1942 ou 43.

Chegou a confessar a sua homossexualidade às autoridades. Quer contar como foi?
Isto era assim: três vezes apanhado na rua com outro senhor, dava direito a ser mandado para a Polícia Judiciária. Depois, a Judiciária teve-me como suspeito de vagabundagem todo o tempo que quis. Não queriam provas, queriam a suspeita, porque a suspeita podia continuar sempre.

Então, um dia, perdeu a paciência, foi lá...
... e disse: ‘Sim senhor, sou homossexual’.

Eles perguntaram:
‘Com quem?’. E eu respondi: ‘Não lhes posso dizer, porque quando faço coisas, vou a um cinema e às vezes nem vejo a cara da pessoa que está envolvida comigo’. Quando ameaçaram pôr um agente a seguir-me na rua, disse-lhes: ‘Esse é o vosso trabalho, mas eu conheço muita gente que não é homossexual e vocês ainda vão ter algum desgosto’. Era assim, uma coisa absurda. Na verdade, a polícia tinha razão. É que eu era mesmo um vagabundo, sem emprego certo.

Como sobrevivia?
Gastando o mínimo. A minha mãe ajudou-me muito.

O Mário ainda tem família, fruto dos casamentos das suas irmãs?
Sobrinhos. Ainda tenho algum contacto com eles.

A sua irmã Henriette morreu há dois anos e meio. Tinha uma relação especial com ela, não tinha?
Amávamo-nos muito. Quando lhe morreu o marido, voltou para casa dos pais. O nosso pai, entretanto, tinha ido para o Brasil com uma amante. Eu e a Henriette vivemos muito tempo juntos, numa verdadeira irmandade.

O Mário pensa na morte?
Não muito. Penso mais nas doenças.

Acredita na imortalidade?
Não sei. Quando lá chegar, eu telefono [risos]…

Poeta e pintor doou bens à Fundação Cupertino de Miranda
Espólio de Cesariny integrará Centro de Estudos do Surrealismo em Famalicão

O espólio do poeta e pintor Mário Cesariny, que morreu na última madrugada em Lisboa, foi doado à Fundação Cupertino de Miranda, em Famalicão, onde a autarquia prepara a construção de um Centro de Estudos do Surrealismo (CES).

O poeta e pintor Mário Cesariny foi considerado o principal representante do surrealismo português, tendo integrado, em 1947, o Grupo Surrealista de Lisboa.

Em declarações à Lusa, o presidente da Câmara de Famalicão, Armindo Costa, explicou que o CES vai ser construído de raiz, sob projecto do arquitecto Duarte Nuno, numa "zona nobre", entre o parque urbano e o centro da cidade. "A expectativa mais optimista é a de que obra arranque até ao final deste mandato autárquico" em 2009, afirmou.

O autarca – que disse não poder calcula nesta fase o custo global da obra – admitiu que possa integrar um conjunto de equipamentos financiáveis pelo Governo, caso seja aprovada a candidatura do vizinho município de Guimarães a Capital Europeia da Cultura de 2012. Armindo Costa afirmou que o seu homólogo de Guimarães "já referiu o seu desejo de transformar a Capital Europeia da Cultura num projecto congregador das potencialidades culturais da região".

A gestão do futuro centro será feita numa parceria da Câmara Municipal e da Fundação Artur Cupertino de Miranda, à qual Mário Cesariny doou, há alguns meses, um espólio constituído por biblioteca, desenhos e pinturas. O poeta e pintor seguiu o exemplo do amigo Cruzeiro Seixas que em 1999 doara já a totalidade da sua colecção à fundação de Famalicão, com vista à construção do centro de estudos.

Para Armindo Costa, que por inerência do cargo é também dirigente da fundação, ao juntar os dois importantes espólios, Famalicão "será, doravante, incontornável para quem quiser estudar o movimento surrealista português".

O presidente da Câmara esclareceu que Cesariny não tem raízes em Famalicão, mas decidiu confiar-lhe o seu espólio porque "viu que havia na cidade vontade e garantia de que seria preservado e dinamizado".

O poeta e pintor Mário Cesariny morreu esta madrugada em sua casa, em Lisboa, aos 83 anos. O corpo de Cesariny estará em câmara ardente a partir das 18h00 no Palácio Galveias, em Lisboa, de onde partirá, às 1400 de amanhã, para o cemitério dos Prazeres.

Agência LUSA

Portuguese surrealist poet and painter Mario Cesariny dead at 83, reports


LISBON, Portugal: Surrealist poet and painter Mario Cesariny, seen as one of Portugal's most important cultural figures, died on Sunday at his house in Lisbon, Lusa news agency reported, quoting the artist's housekeeper. He was 83.

The cause of death was not immediately known.

As well as the poetry and painting for which he was best-known, Mario Cesariny de Vasconcelos, born Aug. 9, 1923, also wrote novels and plays.

He worked with other surrealist greats and was influenced by French artist Andre Breton, author of the "Surrealist Manifesto," whom he met while studying in Paris in 1947.

In Portugal, Cesariny was a part of the Surrealist Group, a gathering of Portuguese artists that included Antonio Pedro and Alexandre O'Neill, and later parted with it to create the Dissident Surrealist Group.

In 2005, he received two accolades, the Grand Prize of Literary Life for his entire body of work, and the Grand Cross of the Order of Liberty, bestowed upon him by then-President Jorge Sampaio.

Among some of his best known works are 1950's "Corpo Visivel" (Visible Body), "Pena Capital" (Capital Punishment) from 1957, and 1994's "Titania".

"He was of the greatest artists of the 20th century, never conformed with the status quo," Joao Fernandes, director of the Serralves museum in Porto said on TSF radio.

"This is very sad news. Portugal has lost one of its greatest poets," poet Pedro Tamen told TSF. "I owe him a lot, he played a great part in my literary education."

Cesariny's funeral takes place on Monday at the Santo Condestavel church, Lusa said.


The Associated Press / International Herald Tribune


Várias figuras do Estado português e da cultura consideraram Mário Cesariny de Vasconcelos como um dos grandes poetas portugueses do século XX, lamentando a sua morte, hoje de madrugada, aos 83 anos.


O Presidente da República, Cavaco Silva, apontou Mário Cesariny como "um dos nomes cimeiros da cultura portuguesa no século XX" numa mensagem de condolências enviada à família de Cesariny, que o chefe de Estado homenageou como um poeta e pintor "extraordinário".

A ministra da Cultura, Isabel Pires de Lima, considerou-o "um artista marcante" e uma das grandes figuras da arte e da literatura portuguesas do século XX.

O poeta e deputado socialista Manuel Alegre qualificou Mário Cesariny "um homem livre", "um dos maiores portugueses de sempre" e "uma voz única que ficará para sempre na História".

O editor de Cesariny, Manuel Rosa, realçou que o poeta "ocupa um lugar central na poesia portuguesa do século XX", destacando ainda o seu papel como "maior representante do Surrealismo em Portugal" e nas artes plásticas.

"O último representante da plêiade de grande poetas portugueses que marcaram o século XX", juntamente com Herberto Hélder, foi como o descreveu o escritor e professor de Literatura Fernando Cabral Martins.

O poeta, professor e crítico de arte portuense Bernardo Pinto de Almeida referiu-se a Mário Cesariny como "um príncipe" e lamentou que a sua "absoluta nobreza de carácter" nem sempre tenha sido compreendida.

Com dificuldade em separar a obra e a vida de Cesariny, o poeta e cronista Manuel António Pina afirmou que viveu "como quem aproveita uma oportunidade única", fazendo-o "ao mesmo tempo com riso e desdém".

O escritor e jornalista Baptista-Bastos considerou Mário Cesariny de Vasconcelos "um dos maiores poetas portugueses de sempre" e "um homem de língua afiada e uma cultura que raiava a erudição".

Arnaldo Saraiva, professor de literatura, lembrou Cesariny como "um homem que não receava enfrentar os códigos" e "um espírito livre, que sofreu da mesquinhez que abunda na sociedade portuguesa, com a intolerância política e a rigidez moral".

O ensaísta Eduardo Prado Coelho considerou que Mário Cesariny "foi um grande nome da literatura portuguesa", embora "já há muito tempo tivesse deixado de escrever", afirmando que a sua morte foi uma perda para a literatura.

Mário Cesariny de Vasconcelos morreu em sua casa, em Lisboa, cerca das 05:30, aos 83 anos, disse hoje à Agê ncia Lusa a governanta do artista.

O corpo de Cesariny estará em câmara ardente a partir das 18:00 de hoje no Palácio Galveias, em Lisboa, de onde partirá, às 14:00 de segunda-feira, para o cemitério dos Prazeres.

Mário Cesariny de Vasconcelos encontrava-se doente há vários anos, com uma doença do foro oncológico, mas o seu estado de saúde "piorou drasticamente nos últimos três dias", disse à Lusa o editor Manuel Rosa.

Além de poeta, romancista e ensaísta, Mário Cesariny dedicou-se também às artes plásticas, sobretudo à pintura.

Da sua extensa obra literária destaca-se o trabalho de antologista, compilador e historiador (polémico) das actividades surrealistas em Portugal, sendo também a sua obra poética considerada um dos mais ricos e complexos contributos para a história da poesia portuguesa contemporânea.

Da sua obra fazem parte títulos como "Corpo Visível" (1950), "Manual de Prestidigitação" (1956), "Pena Capital", "Nobilíssima Visão" (1959), "Antologia Surrealista do Cadáver Esquisito" (1961), "A Cidade Queimada" (com arranjo gráfico e ilustrações de Cruzeiro Seixas, 1965), "Burlescas, Teóricas e Sentimentais " (1972), "Primavera Autónoma das Estradas" (1980), "O Virgem Negra. Fernando Pessoa Explicado às Criancinhas Nacionais & Estrangeiras por M.C.V." (1989) e "Titânia" (1994).

Em 2005 Cesariny recebeu as duas únicas distinções da sua carreira: o Grande Prémio Vida Literária APE/CGD, pelo conjunto da sua obra, e a Grã-Cruz da Ordem da Liberdade, que lhe foi entregue pelo então Presidente da República Jorg e Sampaio.

Nos últimos anos de vida, desenvolveu uma frenética actividade de transformação e reabilitação ou "redenção" do real quotidiano, da qual nasceram muitas colagens com pinturas, objectos, instalações e outras fantasias materiais.

Agência LUSA
Morreu Mário Cesariny de Vasconcelos

Mário Cesariny de Vasconcelos, poeta e pintor que morreu hoje em Lisboa, aos 83 anos, foi o principal representante do Surrealismo português, um homem irónico e controverso que dispensava aplausos e homenagens.


Nascido em Lisboa a 9 de Agosto de 1923, de pai beirão, negociante de jóias, e mãe castelhana, professora de francês, resolveu, a partir de certa altura, prescindir do apelido paterno e ultimamente gostava de acrescentar a Cesariny o Rossi dos seus antepassados.

Estudou no Liceu Gil Vicente, frequentou o primeiro ano de Arquitectura na Escola Superior de Belas Artes de Lisboa (ESBAL) e mudou depois para a Escola de Artes Decorativas António Arroio, tendo igualmente estudado música com o compositor Fernando Lopes Graça.

Durante o período em que viveu em Paris, em 1947, frequentou a Academia de La Grande Chaumire.

Na capital francesa, conheceu o fundador do movimento surrealista francês André Breton, cuja influência o levou a integrar no mesmo ano, embora à distância, o Grupo Surrealista de Lisboa, formado por António Pedro, José-Augusto França, Cândido Costa Pinto, Marcelino Vespeira, João Moniz Pereira e Alexandre O'Neill.

Este grupo surgiu com o objectivo de protestar contra o regime político vigente em Portugal e contra o neo-realismo, mas houve cisões e Cesariny saiu, fundando mais tarde o "anti-grupo" "Os Surrealistas", com Henrique Risques Pereira, António Maria Lisboa, Fernando José Francisco, Carlos Eurico da Costa, Mário -Henrique Leiria, Artur do Cruzeiro Seixas e Pedro Oom, entre outros.

Em 1949, redigiu, com o grupo, o seu manifesto colectivo, "A Afixação Proibida" e promoveu as sessões "O Surrealismo e o seu Público em 1949" e a I Exposição dos Surrealistas.

Quando terminaram as experiências colectivas do que foi quase "um movimento (mais ou menos) organizado" - 1947/1953 e 1958/1963 - Cesariny prosseguiu sozinho, como fariam alguns dos seus outros companheiros que sobreviveram à aventura surrealista, com uma actividade inesgotável e orientada em várias direcções.

Nas suas obras, adoptava uma atitude estética caracterizada pela constante experimentação e praticou uma técnica de escrita e de pintura muito divulgada entre os surrealistas, designada como "cadáver esquisito", que consistia na elaboração de uma obra por três ou quatro pessoas, num processo em cadeia criativa, em que cada um dava seguimento, em tempo real, à criatividade do anterior, conhecendo apenas uma parte do que aquele fizera.

Primeiro, dedicou-se à pintura de forma ocasional e, a partir de certa altura, de uma forma quase exclusiva, tendo deixando de lado algumas facetas do seu talento: primeiro, deixou de tocar piano (ao que parece, tocava muito bem), depois, foi a vez da escrita - "secou", dizia. Quando lhe perguntaram uma vez se não sentia necessidade de escrever, respondeu: "Nenhuma. Para quê? A quem?".

"A poesia foi um fogo muito grande que ardeu. Depois ficaram as cinzas. Não sou capaz de fazer versos porque sim. Acabou", declarou, no documentário "Autografia" (nome de um poema seu), realizado por Miguel Gonçalves Mendes em 2004, o único feito sobre a sua vida e obra.

"Sou um poeta bastante sofrível, um grande poeta numa época em que o tecto está muito baixo", "sem Anteros, Pessanhas ou Pessoas", e em que "o surrealismo foi transformado em museu", afirmou.

Da sua extensa obra literária, destaca-se o seu trabalho de antologista, compilador e historiador (polémico) das actividades surrealistas em Portugal, sendo também a sua obra poética considerada um dos mais ricos e complexos contributos para a história da poesia portuguesa contemporânea.

Uma poesia primeiro de intervenção contra as poéticas dominantes, no Portugal da década de 40, através da paródia e do pastiche sarcásticos, uma poesia da tentativa fracassada de reabilitação da realidade quotidiana e depois, sobretudo, uma poesia do amor louco, desejado, vivido ou mal vivido, abandonado ou traído, cantado ou recordado e reinventado de forma elegíaca.

Para Cesariny, homossexual assumido, o amor era "um desmesurado desejo de amizade", em que "o outro é um espelho sem o qual não nos vemos, não existimos", e "a única coisa que há para acreditar".

"É o único contacto que temos com o sagrado. As igrejas apanharam o sagrado e fizeram dele uma coisa muito triste, quando não cruel. O amor é o que nos resta do sagrado", defendia.

O poeta defendia que se pode morrer de amor - foi, na sua opinião, o que aconteceu a outro surrealista, Ernesto Sampaio, pouco tempo depois da morte da mulher, a actriz Fernanda Alves. Mas considerava que "também se pode morrer de falta de amor".

Da sua obra, fazem parte títulos como "Corpo Visível" (1950), "Manual de Prestidigitação" (1956), "Pena Capital", "Nobilíssima Visão" (1959), "Antologia Surrealista do Cadáver Esquisito" (1961), "A Cidade Queimada" (com arranjo gráfico e ilustrações de Cruzeiro Seixas, (1965), "Burlescas, Teóricas e Sentimentais" (1972), "Primavera Autónoma das Estradas" (1980), "O Virgem Negra. Fernando Pessoa Explicado às Criancinhas Nacionais & Estrangeiras por M.C.V." (1989) e "Titânia" (1994).

Sobre as sessões para que o convidavam e em que o aplaudiam, o poeta comentava: "Estou num pedestal muito alto, batem palmas e depois deixam-me ir sozinho para casa. Isto é a glória literária à portuguesa".

Em 2005, recebeu as duas únicas distinções da sua carreira: o Grande Prémio Vida Literária APE/CGD, pelo conjunto da sua obra, e a Grã-Cruz da Ordem da Liberdade, que lhe foi entregue pelo então Presidente da República Jorge Sampaio.

Nos últimos anos de vida, desenvolveu uma frenética actividade de transformação e reabilitação ou "redenção" do real quotidiano, da qual nasceram muitas colagens com pinturas, objectos, instalações e outras fantasias materiais.

"Gostava de ter daquelas mortes boas, em que uma pessoa se deita para dormir e nunca mais acorda", afirmou em "Autografia".

Agência LUSA

sábado, agosto 30, 2003